La Alta Sensibilidad, cuyo nombre científico es Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS), es un rasgo de la personalidad estudiado desde los años 90 por los psicólogos Elaine Aron y Arthur Aron.
Sus investigaciones mostraron que aproximadamente entre dos y tres de cada diez personas procesamos la información del entorno con mayor profundidad, percibimos más matices y tendemos a reflexionar antes de actuar.
No se trata de una enfermedad ni de una etiqueta psicológica, sino de una forma natural de funcionamiento del sistema nervioso, presente en diferentes culturas y también observada en otras especies animales.
Al mismo tiempo, no todas las Personas Altamente Sensibles somos iguales. Como ocurre con cualquier rasgo humano, la sensibilidad se va moldeando a lo largo de la vida a través de las experiencias, el entorno en el que crecemos, la educación, las relaciones y las circunstancias que atravesamos.
Por eso cada persona expresa este rasgo de forma distinta: algunas lo viven desde la creatividad, otras desde la empatía, otras desde la reflexión profunda o la búsqueda de equilibrio.
Comprender esto ayuda a ver la Alta Sensibilidad como lo que realmente es: una forma particular de percibir y procesar el mundo, con muchas maneras diferentes de manifestarse.